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Cultura

“Do not touch”, “No tocar, no tocar”, es la frase que se repite una y otra vez en este místico pueblo de los Himalayas Indios donde habitan no más de 1800 personas. Acá se consigue el mejor hash del mundo.

Niños, jóvenes, mujeres y ancianos repiten esta frase como si fuera un mantra cada vez que se acerca un desconocido.

Malana Cream 2

Aquí, casi 60 años después de ser abolido en India, se sigue practicando el rito de "no tocar" dado que los visitantes son considerados como inferiores e impuros.

Malana Cream

Pero no fue su mágica geografía rodeada de montañas ni su misticismo cultural lo que nos trajo a este pueblo escondido y aislado del resto del mundo. 

Malana atrae a personas de todas partes del mundo debido a una característica en especial: en estas montañas  se produce el famoso Manala Cream, un Hash considerado por la revista High Times en dos ocasiones como el mejor hash del mundo.

Golden Malana Cream

En India se conoce como Charas, que simplemente significa un Hash hecho a mano.

Solo para dar una perspectiva de su valor comercial, en algunos coffee shops de Ámsterdam se consiguen 10 gramos de esta Malana Cream a 250 dólares.

Llegar a Malana no es tarea fácil

En invierno las vías están cerradas por la nieve y es imposible acceder. De Abril a Agosto, durante verano y monzones, las vías se abren pero no existe un aeropuerto con vuelos comerciales que se encuentre cerca.

La ruta más corta desde Delhi, la capital de India, requiere un avión, un bus de 8 horas hasta algún pueblo principal en el Valle de Parvati, un taxi por una vía llena de curvas que termina en la montaña opuesta a Malana y, para rematar, una hora de caminar cuesta arriba la montaña hasta llegar al pueblo.

"Malana, un pueblo escondido en las montañas donde la marihuana crece sin restricción y donde se produce uno de los mejores Hash del mundo."

Esa última hora caminando es la antesala perfecta a lo que veníamos buscando. En todo el camino se ven crecer plantas de marihuana, libres, sin dueño alguno.

Crecen por todas partes, mezcladas con otras plantas, entre las rocas, en superficies inclinadas, donde sea. Verla de esta forma nos hizo reflexionar sobre como la prohibición no tuvo ni tendrá sentido.

...La marihuana es una planta con un origen libre.

Una vez adentro del pueblo, constituido en su mayoría por rústicas casas de dos pisos, se empieza a sentir su mística.

A medida que uno avanza se encuentra con locales fieles a sus antiguas creencias que evitan el contacto, piden que no tocar sus pertenencias y en especial no tocar sus templos sagrados.

Tan solo unos pasos más adelante se escucha el murmullo “cream, cream” haciendo referencia a la venta de la Malana Cream, el exótico y cotizado Hash de los Himalayas.

Es inevitable preguntarse como un pueblo tan pequeño alberga tantas particularidades.

Los templos Hindús tienen marcado en negrilla un texto claro que indica “3500 rupias de multa por tocar este templo sagrado”, unos 50 dólares.

La vida en Malana, un pueblo en los Himalayas

En Malana hasta el momento hay solo 3 hostales donde hospedarse. En todos es fácil encontrar gente de diferentes partes del mundo con una característica en común: la gran mayoría son amantes de la marihuana y vienen buscando el mejor hash del mundo.

Es mágico ver como cada persona tiene sus propios rituales e instrumentos.

Hay quienes mezclan la marihuana con tabaco, quienes fuman en pipa, quienes lo pegan, quienes cargaron una Hooka de 5 kilos para fumar, quienes creen que el extranjero es el primero que fuma y otros que siguen la tradición del que lo pega lo prende.

En Malana, este pueblo de no más de 1800 habitantes, se reúnen marihuaneros de todo el mundo. 

Hooka

El parche de marihuaneros

Ese día parchamos con 5 amigos indios que conocimos en el hostal. Ellos ya habían comprado un tipo de hash que se conoce como “Red Ice” (¿o red eyes?) y es según ellos más fresco que la Malana Cream.

Malana Red Ice

Nosotros, mi novia y yo, teníamos la titánica tarea de encontrar el mejor Hash de Malana y no íbamos a dejar escapar ninguna oportunidad de fumar lo que se nos atravesara.

Comenzamos siguiendo su costumbre de armar un porro grande con tabaco y luego, aprovechando la ocasión para dejar el alto el nombre de América Latina, los pusimos a fumar en nuestra pipa el hash puro.

Así fue más fácil apreciar su sabor, su aroma y su efecto.

En cuestión de minutos ya estábamos voladísimos hablando de Osho, de su Ashram y de su documental en Netflix.

La traba tuvo un tinte muy especial, nos sentíamos turros o volados, pero estábamos activos, podíamos ser elocuentes (nadie probará lo contrario) y era fácil seguir la conversación.

La moncha no se hizo esperar y después de hablar de Osho, de la prohibición de la marihuana y de las elecciones en India terminamos por comernos un banquete que fácilmente hubiera podido alimentar a este pueblo de no más de 1800 personas.

"Happy" nuestro guía

Al día siguiente nos despertamos para continuar con nuestra misión.

La verdad es que no estábamos seguros que fuéramos a encontrar distintas variedades, aunque si habíamos sido testigos de diferentes rangos de precios que variaban según el vendedor. 

Decidimos desayunar, bañarnos con agua helada y caminar hacia unas cascadas a tan solo 30 minutos del hostal donde nos quedamos. Queríamos, como dicen nuestros padres cuando vamos de paseo, “aprovechar el día”.

Cinco minutos después de haber emprendido este trayecto nos encontramos con “Happy” un loco con una sonrisa en la cara que llevaba más de 10 años viviendo en Malana.

Al ver sus manos supimos que nuestra búsqueda había llegado a su fin.

Malana Cream Hash

¿Para que seguir buscando cuando esta persona que lleva la felicidad en su nombre tiene sus manos llenas de callos y de hash?

Happy nos explicó que existen diferentes variedades, dependiendo del área donde se cultiva.

Esto es aún más complicado si se tiene en cuenta que estas áreas cambian cada año para evitar las redadas de la policía.

La “Malana Cream” y el “Red Ice” son productos de muy alta calidad, pero la reina en Malana se llama “Golden Malana Cream”.

Este hash es que sale de la primera pasada. Cuando las plantas ya están en floración, los locales van a los cultivos y frotan sus manos alrededor de estas y dejan que la primera resina se pegue a su piel. Su olor es más penetrante, su textura es más empalagosa y su traba más intensa.

Happy nos pasa un poco de su Golden Malana Cream y con una sonrisa en la cara repite “Shanti, Shanti”, “Paz, paz”… y así nos deja claro que la marihuana ha sabido sembrar sus valores por igual en todo el mundo.

Malana Live

Se dice que esta resina, este Hash, tiene aproximadamente un 30% de THC.

Pero este número, así como muchos que otros que ahora suenan en la naciente industria cannábica, dice poco comparado con la sensación de frescura y libertad que te da este hash.

Al probarlo sabíamos que esto era algo diferente. Su aroma maderoso e intenso y su traba ligera, divertida y muy activa.

Nunca me sentí aturdido, nunca sentí un bajonazo, pereza o alguna sensación similar. Todo fluye con la Golden Malana Cream. Fluye de tal manera que este texto tomo forma gracias a que Happy llegó a nosotros y que su Hash llegó a mi pipa minutos antes de sentarme a escribir estas palabras.

 Shanti, Shanti

Sebastián Salazar

Sebastián Salazar

Me ecanta viajar. Amo la marihuana, los psicodélicos y la naturaleza en general. En una sociedad confundida, deprimida y ansiosa creo que la naturaleza tiene el poder de sanar, de enseñarnos y de recordarnos que todos somos uno y que la felicidad no está en lo que nos vende la publicidad si no en saborear los momentos que nos ofrece el presente.

Catacoa es mi forma de crear un espacio físico y virtual donde las personas puedan compartir sin tabús y dejando los prejuicios a un lado. 

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