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Actualidad y eventos

 No se lo tome con tanto  humor… aprenda a autocultivarse a usted mismo:

 

Son las tres de la madrugada, piedras, vidrios quebrados y sangre en el pavimento acompañan las siluetas de los colores rojos y azules de las sirenas. ¿Te suena familiar o al menos conocido este contexto? 

 

Estas escenas se repiten cada fin de semana. Las cifras son impresionantes y la escena resulta dantesca si se tratase en las zona rurales del país. Así es, 3 millones de personas murieron en 2018 por consumo de alcohol según las cifras de la Organización Mundial de la Salud; y no dejemos de lado a los 3,3 millones que murieron por consumo de tabaco en 2017.

 

Las pérdidas económicas, sociales, familiares y, lo más triste, la pérdida en el desarrollo de las personas como seres humanos son, en forma abstracta pero resumida, los resultados del consumo de sustancias permitidas y aceptadas a pesar de las consecuencias que generan. Son el impacto a la sociedad en su conjunto. 

 

Semana a semana, las familias colombianas se ven enfrentadas a esta serie de dificultades; sin embargo a la hora de encontrar responsabilidades, el alcohol y el tabaco son calificados con desconcertantes justificaciones. Incluso, se evita pensar que dichas sustancias generan situaciones de alto riesgo, se niega a reconocer un problema. 

 

Históricamente hemos sido un país asediado por el machismo. En relación al consumo de alcohol, este aspecto cultural parece que ha arraigado mucho más las justificaciones, los comportamientos  y hasta ha trastornado las líneas del bien y del mal dentro de lo que cualquier persona, que sepa vivir en comunidad y convivencia, pudiera calificar. En Colombia, según las más recientes cifras del Ministerio de Salud, cerca de 2,4 millones de nacionales tienen problemas de alcohol y las cifras pueden ser aún mayores dada la actitud favorable que hay frente a la sustancia que, en contraste la planta de marihuana -del que tanto asocia nuestra sociedad con delincuencia, desarraigo y pobreza-, no ha puesto hasta el sol de hoy un solo muerto. 

 

Son más los comentarios desobligantes, actitudes de rechazo, comentarios clasistas y arribistas los que se le atribuyen a los consumidores de marihuana sativa o indica, cuando los ven por la calle, en manifestaciones o cuando alguna figura pública confiesa su consumo y/o aportación. 

 

Es pertinente mencionar que  para 2025 el segmento de la marihuana con uso recreativo representaría USD $ 146,4 millones y, tan solo en Colombia, estas adquisiciones a empresas  nacionales con capital extranjero y mixto se han contabilizado por USD $ 93,88 millones, la revolución del agro colombiano. Las perspectivas industriales, las proyecciones y resultados en los  análisis financieros son delirantes en relación a la retribución en el beneficio neto que recibe un capital que decida invertir en esta pujante industria. 


Bajo este escenario, y si se llegarán a considerar las particularidades geográficas, la biodiversidad y la calidad del suelo colombiano para operar estos negocios, el  panorama se tornaría bastante alentador. Se generaría una gran oportunidad y capacidad para generar empleo a gran escala, para continuar fortaleciendo el desarrollo de las comunidades que ancestralmente han hecho uso de la planta y que han sido perseguidos a pesar de no tener otra actividad económica rentable en la zona donde habitan. Es una oportunidad única para que millones de colombianos que carecen hoy de una oportunidad laboral, puedan tenerla. .

 

Y entonces, ¿qué va a pasar si a la hora de hacer una ponderación sobre lo que está bien o mal, lo que construye o destruye, lo que genera exclusión o segregación, encestamos todo en el saco de los prejuicios y de la ignorancia? Cuando países como Canadá perciben, de octubre 2018  a marzo de 2019, US $ 139 millones en impuestos. Digame usted  ahora, ¿qué está bien y qué está mal?
 



 

Juan Ocampo

Juan Ocampo

Apasionado por la planta. Decide estudiar en la Universidad Nacional de Colombia el primer curso enfocado en el cultivo y desarrollo de la industria del cannabis. Paralelamente, Paqua empresa de cultivos hidropónicos le brinda experiencia en agricultura urbana, la cual lo motiva a impulsar el autocultivo como pie de lucha contra el mercado negro; es así como decide vincularse al proyecto de Catacoa. Le gusta el futbol y en especial salir a rodar la ciudad en su longboard.

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